domingo, 7 de diciembre de 2025

FIL GUADALAJARA "“Con Barcelona vendrán las flores.”

Soñadores de horizontes lejanos, somos parte ineludible de este universo gigantesco, donde la magia y las fuerzas mayores nos bendicen con las experiencias necesarias para recordar quiénes somos. Hay momentos que no podemos explicar: llegan sin aviso, sin lógica aparente, pero están tejidos con la precisión de un telar sagrado. Son señales, destellos de la sincronía que sostiene todo. Son regalos del universo, recordatorios de que todo está alineado. 

Guadalajara me recibió así: desde la intuición, desde ese lenguaje silencioso que solo se escucha cuando el alma está despierta. Me abrazó sin prisa, permitiendo que cada rayo de luz atravesara sus árboles como un mensaje antiguo, y que cada brisa húmeda despertara algo en mi interior que creía dormido. Su ritmo cálido me invitó a abrir los sentidos, uno por uno, hasta convertirme en parte del pulso de la ciudad. 

Las calles vibraban con un latido distinto. Mis propias pulsaciones florecían al compás del lema de la FIL: “Con Barcelona vendrán las flores.” 

Y en ese ambiente lleno de vida, sentí que mi alma también germinaba, como si encontrara por fin la estación para renacer. 

El auditorio estaba preparado para dar inicio a la presentación de Gotas al vacío. Cuando crucé la puerta, fue como si la atmósfera se abriera en pétalos: un valle inesperado de flores brotó ante mis ojos. El espacio se transformó en un refugio luminoso, un abrazo colectivo donde cada color parecía contener una historia y cada aroma vibraba con humanidad. 

En mi interior, algo también empezó a florecer. Cada plaqueta en mi torrente sanguíneo parecía encenderse con simbolismos de esperanza, de ilusión, una explosión de colores y letras primaverales que se derramaban hacia todo mi cuerpo. La Perla Tapatía me entregó una energía renovadora, como si hubiese reconocido mis pasos antes de que yo llegara a ella. 
 
En ese instante comprendí con la certeza suave de una intuición, que nada de lo que estaba viviendo era casual. 

Todo había sido dispuesto: las personas, los caminos, las palabras, los silencios que se abrieron como umbrales y las coincidencias que actuaron como brújulas invisibles.

Guadalajara me mostró que estamos conectados por eventos sincrónicos, hilos luminosos que nos guían hacia nuestro camino espiritual. Que cuando algo está destinado, el universo se acomoda para que ocurra: abre puertas, mueve circunstancias, provoca encuentros. 

Y entonces, la gratitud se volvió infinita. 

Gracias por este ambiente de narrativas asombrosas, por recordarme que la vida es un tejido perfecto donde todo se acomoda para llevarnos a nuestro propósito. 

Gracias por este llamado cálido que me susurra que sigo en el camino correcto. Porque hoy lo entiendo con claridad: cuando el universo quiere hablar, nos abre las flores del destino.

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